A punto de compartir SEÑORITA MARÍA, LA FALDA DE LA MONTAÑA

He oído decir que la verdadera vida de una obra, de una película, solo empieza a ser Vida cuando tiene contacto con el público. Nada más alejado de la realidad, de mi realidad. Para mí la película empieza a tener vida desde antes de que la idea se me atraviese y me someta. Desde que es película sin serlo, sin saber que va a serlo, sin esperar serlo.

​​​​​​​Dicen en antigua lengua oriental que solo a un egoísta se le puede encargar el mundo… lo digo porque para mí hacer cine tiene que ver fundamentalmente con una decisión de vida. No debida. Hago como el que hace sillas sin esperar a que nadie se siente: hago para ser transformado, para transformar (a mí y al equipo técnico y a los colaboradores como primeros espectadores), para entretener el tedio de la existencia, para maniobrar, para ejercer la poesía con toda mi ingenuidad y mi hambre de crea.

Trabajo resignado al fracaso: y el fracaso es una fuerza, grande, porque cuando se trabaja resignado al fracaso (comercial, de reconocimiento, de circuito), se trabaja más libre, la obra se libera, se purifica: nadie espera nada de ella. Estar libre de expectativas permite que las noticias buenas sorprendan y las malas no destruyan. El fracaso es una fuerza liberadora como pocas.

Pero es un fracaso relativo: el de la hora social de una obra cinematográfica. Porque imaginarla, reescribirla, acometerla, ya es un placer, y un dolor (aunque voluntario) al que pocas cosas se le igualan en la vida. Soy feliz siendo artesano, local, simple, haciendo, tejiendo la película con los hilos de la gente delante y detrás de cámara. Generalmente hilos maestros: trabajo con Maestros delante y detrás de cámara, y me tratan de insolente y de niño con complicidad, con benevolencia y dulzura, con alcahuetería, con resignación.

No pensar en circuitos, festivales o público es una manera muy sincera de ofrecer algo tan puro como se pueda a los otros, al resto. Respetar al público, a los medios, a los teóricos, es no hacer cálculos con sus gustos, con el escándalo, con la melosería. Pensar verdaderamente en ellos es ignorarlos hasta ofrecer la película terminada, o hasta que el proceso necesite la mirada de desconocidos, de otros, como parte del trabajo (cuando la película se comparte a un grupo de personas para saber su opinión, dudas, sugerencias, antes de cerrar la edición.

Esta vez sin embargo tengo algo de miedo. La Señorita ha sido bombardeada por la vida desde antes de nacer y esta película fue una manera de zafarse de la camisa de fuerza del dolor. Dos años de los seis de realización de este documental se escondió de mí. Yo, ya con un par de premios a cuestas para realizarla, estaba perdido. Tuve que ofrecer mi amistad de verdad, incondicional, mi delicadeza (hasta la que no tengo) para recuperar su confianza. Para que viera que esta película no iba a ser una nueva burla o una nueva herida y que en últimas no importaba la película en sí, tanto como la aventura de adentrarnos en el prado de su corazón, en la selva de su camino. Tuvimos junto con Amanda, productora de la película, que desafiar, supuestamente, los límites éticos del cine, del documental, que en el fondo están al revés. Nosotros queríamos pasar por su vida, ser atravesados por su presencia, por su luz y, creciendo mientras hacíamos la película, también queríamos que la Señorita sanara con ella.

Me atrevo a decir que los primeros amigos amigos de su vida fuimos nosotros. Los 6 pelagatos que rodamos y pasamos amaneceres incontables y noches enteras atestiguando su risa o aprovechando la energía de los cannabinoides anticonvulsivos. Esperando el eclipse hasta las tres de la mañana cuando parecía que ya no había posibilidad de verlo y aparecía, en su culmen, en esa improvisada fiesta en el patio oscuro de su casa, del tamaño de una montaña. Fiesta de siete. Música de cámara de cine, nada más.

Yo fui transformado por conocerla. Y los que hicimos esta película, igual. En el fondo el momento de compartirla es casi incómodo porque es la comprobación de que para mí acabó la aventura maravillosa de una película. De dejar de ser turista o extranjero de un tema, de alguien. Con la esperanza de que la película, que no es sino el milagro de lo vivido en un frasco de tiempo, haga vivir a otros lo que tan intensamente vivimos. Lo que nos transformó. La energía que surgió de compartir, de nuestro encuentro; y ahí aparece algo hermoso en el hecho de compartirla: aparecen las cosas que uno soñó, las que no soñó y las que ni sospechó, en las lecturas del público, de los teóricos, de los críticos.

Temo también a que la frivolidad de algunos medios y de ciertos encuentros terminen dañando lo hecho por el proceso de la película. Yo no puedo decidir por ella, es un Ser inmenso y consciente y quiso enfrentarse a vivir esto: algún festival, el interés de la televisión, etc. Trataremos de protegernos. Temo que algunas de las preguntas que esperé más de tres años para tener el derecho de hacer y de tener respuesta,  frutos que nos tomamos años en cultivar y disfrutar, puedan ahora quedar a merced de una pregunta que lo atropelle todo: la chiva, el reportaje, la noticia amarilla y fácil.  Pero nuestra amistad y la película, creo y confío, son una verdad y una muralla mucho más fuerte. Ya estamos hechos de cine y el cine de esta película está hecho de la fuerza inconmensurable de la Señorita. Que quien la atestigüe la sienta, hasta la indignación, hasta el amor, hasta el tuétano”.

Rubén Mendoza
1 de marzo de 2017

SEÑORITA MARÍA: FEMENINA COMO LA MONTAÑA

Boavita es un pueblo campesino, conservador y católico, incrustado en los Andes y detenido en el tiempo: entre las faldas de sus montañas vive la Señorita María Luisa. Tiene 45 años y nació siendo niño. Su historia esconde una amarga e inimaginable historia familiar, adobada con odio desde sus más profundas raíces, y cuyo chivo expiatorio es la Señorita, desde antes de pisar este mundo. Pero su poder se alimenta de esas mismas fuerzas, de la de los animales y la montaña. No ha habido oscuridad capaz de derribarla ni de eclipsarla.


FUNCIONES EN EL FICCI  

FECHA:    Jueves 2 de marzo
HORA:     12:10 M.
LUGAR:   Múltiplex Caribe Plaza
Cine Colombia
Av. El Lago Cra. 22 No. 22-10
Cine Para Todos

FECHA:   Viernes 3 de marzo
HORA:     15:30 P.M.
LUGAR:   Múltiplex Bocagrande
Cine Colombia
Cra. 1 No. 12-120
Presencia del director

FECHA:   Sábado 4 de marzo
HORA:     18:30 P.M.
LUGAR:   Múltiplex Castellana
Cine Colombia
Calle 30 No. 30 – 31
Presencia del director

FUNCIÓN PRINCIPAL 
FECHA:   Domingo 5 de marzo
HORA:     17:00 P.M.
LUGAR:   Teatro Adolfo Mejía
Cr 4 No. De La Merced
Cra. 10 No. 36 – 38
Presencia del director